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PARTE
1
En la actualidad, los millones de adultos que crecieron dentro
de una familia con problemas de alcoholismo, se preguntan
cómo sobrevivieron dentro de un sistema familiar donde diariamente
sufrían el impacto de conductas y actitudes agresivas y manipuladoras,
de abandono y represión, de situaciones de enfrentamiento
violentas en las relaciones interpersonales, de inseguridad
e incertidumbre, de incongruencia e insatisfacción.
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Un
sistema familiar donde además debían convencerse que
nada de esto estaba sucediendo y que por lo tanto, nada les afectaba;
es decir, no sufrían, no sentían y en consecuencia
tampoco aprendieron a confiar ni a hablar acerca de lo que a diario
vivieron como una realidad pero negaron en la realidad.
Así, al llegar a la vida adulta, el hijo de alcohólico
tiene la necesidad de elaborar esos conflictos que aún persisten
en él, procesar sentimientos inhibidos durante su infancia,
niñez y adolescencia, cuando vivió experiencias dolorosas.
Es necesario elaborar traumas, insatisfacciones y emociones reprimidas
para revisar cómo aquellas actitudes y conductas que en la
niñez y la adolescencia le ayudaron a mantener un equilibrio
enfermo, pero al fin equilibrio, en la vida adulta sólo obstaculizan
su crecimiento personal, alimentan resentimientos y promueven la
rigidez. Esto le ocasiona una insatisfacción por la vida,
que a su vez lo mantiene en un estado de depresión latente.
La causa: una estructura familiar enferma y una interacción
destructiva. La enfermedad: el alcoholismo.
El concepto del alcoholismo como enfermedad ha sido reconocido por
distintas organizaciones internacionales como la Organización
Mundial de la Salud, la Asociación de Psiquiatría
Internacional y la Asociación Médica Americana. Ésta
última la define así: "El alcoholismo es una
enfermedad crónica, progresiva, que afecta todas las áreas
de una persona y que puede resultar en la locura o la muerte".
Ésta
enfermedad es crónica y mortal y se caracteriza por la pérdida
de control y la incapacidad para abstenerse de beber. Aquella persona
que desarrolla la dependencia al alcohol ve progresivamente afectadas
todas las áreas de su vida. El deterioro físico es
grave, y su vida social y familiar se ven afectadas seriamente.
A lo largo del tiempo el alcoholismo también va minando la
energía y los recursos de la familia y ejerce un impacto
disgregador sobre ésta, aunque a la corta es posible que
sus miembros no perciban este hecho.
El impacto del alcoholismo como enfermedad incluye una lista de
conductas negativas. Se mencionan el abuso contra el cónyuge
y los hijos, tasas de divorcio muy elevadas, depresión y
suicidio, problemas laborales, accidentes automovilísticos,
entre otras. Dado que el alcohólico presenta rasgos de personalidad,
actitudes y conductas disfuncionales que progresivamente le llevan
a un deterioro físico, psíquico, social, familiar,
laboral y económico, los hijos reaccionan tratando de controlarlo,
disculparlo o esconderlo. Además experimentan una ansiedad
constante y se obsesionan con la forma de beber de un padre alcohólico.
Ante su impotencia para controlarlo, experimentan rabia y consecuentemente
lo agreden y recriminan. Se culpan a sí mismos y sienten
dolor.
Fuente: http://www.revistaadicciones.com.mx
Continuación...
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