Paradójicamente, además,
la familia afectada por la adicción,
termina produciendo un sistema de conductas
que apoyan al desarrollo de la adicción.
A esto se le conoce como codependencia.
La
codependencia que se desarrolla a partir
de una relación enferma con una persona
adicta en actividad, genera patrones de
conducta y pensamientos disfuncionales así
como compulsivos. Por ello, la coadicción
provoca mucho dolor a quien la padece.
La
codependencia puede desatarse en cualquier
persona que está en contacto con
la adicción de otra persona (familiar,
amigo, compañero, pareja, etc.).
Además, existen otros desordenes
de conducta y enfermedades que pueden generar
coadicción, tales como la esquizofrenia,
la violencia, el maltrato y la neurosis.
Muchas
veces alguien que ha desarrollado codependencia
por crecer en un ambiente disfuncional adictivo,
no manifiesta grandes síntomas hasta
que entabla una relación de pareja
o se casa. Por otro lado, es muy recurrente
que los hijos o hijas de adictos terminen
casándose con otros adictos, siendo
muchas veces una decisión no conciente.
Esto de debe a que el codependiente tiende
a repetir los patrones conductuales aprendidos.
La codependencia se caracteriza por una
serie de síntomas como:
Dificultad
para establecer y mantener relaciones intimas
sanas
Depresión
Perfeccionismo
Baja autoestima
Necesidad obsesiva de controlar la conducta
de otros
Conductas compulsivas
Profundos sentimientos de incapacidad
Resentimientos hacia la gente que le rodea
Vergüenza
Constantes crisis
Irritabilidad emocional
Necesidad de aceptación y aprobación
Dolores de cabeza y espalda crónicos
Gastritis y diarrea crónicas
Estos
síntomas se presentan primero en
la relación con el enfermo y posteriormente
se transfieren a las demás relaciones
del codependiente.
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