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Anorexia y bulimia atacan a niños desde los nueve años
La búsqueda de los padres por tener hijos perfectos o que logren lo que ellos nunca pudieron realizar es uno de los factores para que se desarrolle algún trastorno de la conducta alimentaria, como anorexia y bulimia.
La anorexia es un padecimiento en el cual, el afectado come cada vez menos y excluye de su dieta alimentos que considera que engordan; por otro lado, en la bulimia se crea un círculo vicioso: los afectados restringen la comida, pero luego, al tener hambre, consumen en exceso, lo que los lleva provocarse el vómito o a usar laxantes.
En nuestro país este tipo de trastornos van en aumento en personas cada día más jóvenes, de cualquier nivel socioeconómico y según datos de la Secretaría de Salud afecta a tres millones de mexicanos. “El 85 por ciento de los casos se dan entre jóvenes de 13 a 20 años”, señaló María Eugenia Ibarzabal, coordinadora de la Clínica de Trastornos Alimenticios del hospital Médica Sur.
Sin embargo hay casos registrados de niñas hasta de nueve años que ya presentan esos padecimientos; que en el caso de la anorexia ataca a nueve mujeres por cada hombre, mientras que la bulimia se presenta en siete chicas por cada tres varones. “Un estudio hecho por psicólogos entre niños de seis a nueve años de edad reveló que un gran número de ellos dijo no estar satisfecho con su imagen corporal. El 39 por ciento de los niños y el 48 por ciento de las niñas desean tener una figura más delgada y el 39 por ciento de los niños y 42 por ciento de alas niñas se percibieron con un peso mayor al que tienen en realidad”, aseguró.
Familia. En estos trastornos “familia influye en el sentido de una necesidad de aceptación social, del afán de tener los hijos perfectos, que cubran los requisitos de belleza, que sean buenos estudiantes, que destaquen en el deporte, es decir que sean buenos en todo”, explicó la especialista.
“Hay muchos padres que tienen una idea de perfeccionismo y que ejercen un control tal en los hijos que los pequeños entran en una competencia para lograr lo que sus papás quieren, además tienen una gran necesidad de ser aceptados totalmente y ahí el peso es muy importante, por ejemplo si la niña empieza a subir de peso, sus padres le dicen baja esa pancita sino no vas a encontrar novio, eso crea un problema en el individuo”.
Frágiles. Aunque la disfuncionalidad de la familia es un factor de riesgo importante, no es el único ya que en núcleos familiares bien constituidos también se llega a presentar, debido a la fragilidad del individuo; aunque todos estamos sujetos a los mismos mensajes de los medios, no a todos afecta igual y ahí influye la historia del individuo, si ha vivido situaciones traumáticas o perdidas en algún momento de la vida. Aunque anteriormente se decía que el abuso sexual era un factor determinante y que el cien por ciento de las personas con algún problema alimentario lo había sufrido, ahora se sabe que estas agresiones sólo ocupan el 25 por ciento de los casos. Características. Los trastornos alimentarios se caracterizan por un comportamiento obsesivo compulsivo, “la figura se va volviendo una obsesión y se van teniendo conductas compulsivas para no subir de peso”.
Y continuó, es un trastorno psiquiátrico que se debe atender integralmente, por ello aquí en la clínica, cuando llega la paciente por primera vez hacemos un diagnóstico médico hecho por un internista o pediatra, luego una evaluación de una nutrióloga, después pasa con un psicoterapeuta, también se analiza la dinámica de la familia, a continuación se realiza una evaluación psiquiátrica, también vemos el impacto en huesos y músculo y hacemos un perfil tiroideo.
Desnutrición. El daño a la salud por un trastorno alimentario puede ser muy grave: la anorexia lleva a una desnutrición que puede ser severa y que desemboca en la muerte, afecta a todo el cuerpo, daña la función renal, cardiaca, mental y puede estar acompañada por depresión, además hay una semi atrofia cerebral por la falta de alimentos, y también puede afectar la reproducción.
En general las personas con bulimia no tienen una perdida de peso tan marcada, sin embargo, en ellas se presenta gastritis, colitis, esofagitis, úlceras, problemas dentales, ya que los jugos gástricos acaban con el esmalte de los dientes; además las personas con este problema son muy impulsivas, por lo que están en alto riesgo de consumir alcohol, drogas o tabaco.
Primero fue el ejercicio, luego dejar de comer
“Cuando tenía 9 años yo sentía que nadie me quería porque era gorda, aunque mis calificaciones eran buenas—sólo sacaba nueves y dieces—creía que mi papá no me ponía atención porque no le gustaba estar cerca de alguien tan desagradable como yo”, cuenta Mariana Terán de 17 años y que padece anorexia desde hace cinco. Por ello—continúa Mariana—a los 10 años empecé a hacer ejercicio, primero lo hacía en las noches, cuando todos ya se habían ido a dormir y luego como sentí que no bajaba de peso, me metí al equipo de basquetbol y de natación de la escuela, mis ganas de bajar de peso eran tan grandes que me para cuando cumplí 12 años ya me pasaba hasta cinco horas en la alberca.
Pero lo peor para Mariana estaba por venir, “con los entrenamientos tan estrictos que llevaba, logré ganar algunos premios en concursos de natación, pero no me importaba porque generalmente lo que yo buscaba que era que mi papá me viera, no lo lograba, sólo en dos ocasiones fue a verme, y por los nervios esas veces ni siquiera pasé a las eliminatorias”.
En ese momento decidí que ya no iba a hacer las cosas mal, fue entonces cuando empecé una dieta estricta, en la mañana sólo comía un poco de papaya con salvado de trigo, un litro de agua tibia, y té, en la comida sólo pedía ensalada y carne asada o pollo y no cenaba.
Pero conforme el tiempo pasaba Mariana se sentía gorda, “no es que lo estuviera pero cuando me veía al espejo, tenía una imagen deformada de mi misma, aunque todos me decían que un día iba a desaparecer, yo pensaba que se estaban burlando de mi”, explicó.
Y agregó “entonces fue cuando empecé a reducir los que comía hasta que llegué a comer dos hojas de lechuga al día y tres litros de agua, me alejé de mis amigos, por que empezaron a preocuparse, y me decían que estaba enferma, que necesitaba ayuda, yo me defendía diciendo que si estuviera mal no sacaría tan buenas calificaciones y que lo que pasaba era que me tenían envidia, porque si yo era mediocre ellos lo eran aun más”.
Cuando cumplí 16 años mi salud ya estaba tan deteriorada que empecé a desmayarme a todas horas, en la calle, en la escuela, en los entrenamientos, mi madre se alarmó y fue cuando empezó a buscar ayuda, yo le decía que no tenía nada, pero en ese tiempo ya pasaba hasta tres días sin comer, ella se dio cuenta y dejó de trabajar para estar conmigo todo el día hasta que comiera, luego vinieron las terapias y después de ocho meses de estar en ellas, empiezo a entender que lo que quería llenar un vació abriendo otro”, concluyó.
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